Caminaba y encontré una posibilidad de moverme de tal modo que me hacía recordar una manera de andar que creía había desaparecido. Ubiqué lugares que podía volver a recorrer suspirando, sintiendo que estaba todo por hacer. Me tropecé con un par de voces. La primera no paró de hablar hasta que me arrodillé para sacarme las medias. Después pude volver a caminar más aliviado. La otra me dijo que me dolían las piernas, que me sentara un rato. Doblé la esquina y empecé a bajar. La tarde se iba, tenía ganas de redoblar la apuesta. Llegué a la rambla, soplaba el viento entre mis piernas. Opté por sacarme los zapatos para pisar la arena. De lejos veía la estructura de un barco, me acerqué. Debe tener años encallado ahí. Se veía la quilla enterrada en la arena y algunos restos cubiertos de espuma. Aproveché la soledad para sacarme la ropa, colgaba mis cosas en las partes que no mojaba el agua. Me acosté a escuchar el frío que había. Al principio creí que estaba exagerando. Me acurruqué contra la quilla del lado que venía el viento, pero apenas logré taparme la cara. Ahí se me ocurrió hacer un pozo y cobijarme en la arena, tapado hasta el mentón esperé a que en el cielo alguien descubriera una estrella. La espalda me avisó que el colchón se estaba humedeciendo, le dije que era la marea. En la cola un bichito se secaba las patas, un lunar me lo advertía. Le dije que no podía saltar en ese momento, que el frío ya estaba a los gritos, que se hicieran amigos. Me explicó que el bichito tenía un aguijón. Yo le di a entender que tal vez no lo sabía usar, que intentara nombrarlo. Al principio me sugirió decirle Che. Yo pensé que era un nombre muy revolucionario para un insecto. Qué te parece Chiquito, aventuró. Es un lindo nombre le dije, pero teniendo en cuenta que se me puede meter por el culo, ¿por qué no mejor algo que lo invitara decididamente a retirarse como por ejemplo Chau? Al final le quedó Che Chiquito Chau, un nombre heroico (para que no se ofenda), otro que no asustaba a mi esfínter y un tercero que aguardaba de su parte un movimiento de firme retirada. Sin embargo cuando mi boca pronunció su nombre completo el bicho emergió de la arena, me miró con algo más que entrega y menos que angustia y empezó a tragarse el aguijón. Al principio lentamente hasta que fue quedando la mitad, y ya el pobre no tenía fuerza para seguir tragando. Después me volvió a mirar y ahí sí creo que logré entender lo que decía: “hijo de puta” y expiró como una estrella fugaz.
viernes, 20 de junio de 2008
martes, 3 de junio de 2008
UTÓPICO
Ximena se enamoró. Él es una persona muy inteligente que sabe cuidar a una mujer sensible como ella. Se lo cruzó ni bien llegó a Europa, en el aeropuerto. Ella lo vio y se sorprendió por la belleza viril de ese individuo maravilloso. Es joven y trabajador, digámosle por ahora Damián. Su mayor deseo era viajar por el mundo con ahorros que guardaba luego de años de trabajo en empresas lindas y en las cuales escaló posiciones sin serrucharle el piso a nadie. A Ximena le gusta mucho viajar, y junto a ese hombre pudo dejar de trabajar en las cosas que no le gustan y dedicarse únicamente a lo que le da placer; y lo primero es el propio Damián, que durante un viaje que hizo a la India aprendió unas técnicas tántricas para el amor con las que sorprendería a los propios hombres si lo dejaran hacer. Luego del viaje por todo el mundo se dieron cuenta que el mejor lugar para vivir era exactamente donde estaban. Ella una vez que concibió se dedicó a terminar su carrera, pero sólo por placer ya que prácticamente sin querer ganó un sorteo y obtuvo mucho dinero con el cual vivió muy cómoda el resto de su vida. Siempre fue independiente, siempre estuvo acompañada y gozaba tanto con Damián, que poco a poco fue olvidando la sensación de dolor.
En unos terrenos perdidos que eran de su padre encontraron oro, siempre se dijo que había oro en Uruguay, estaba todo ahí. Sofía, la sobrinita de Ximena, jugando en la tierra con una palita lo descubrió. Su Padre empezó a contratar empleados para la tienda, luego compró los negocios vecinos, y más tarde tuvo que hacer un contrato con el municipio para instalar “Grandes Tiendas Uruguayas”, un edificio descomunal ubicado a las afueras. Todo lo que Ximena había tocado alguna vez se volvía maravilloso, reluciente y reía. Ella rió todo el resto de su vida y sus cinco hijitos rieron siempre. Rieron los hijos de sus hijitos, y los hijos de los hijos de sus hijitos. Así en una cadena de alegría que sorprendió al tiempo, al espacio y empezó a transformar a la sociedad de tal modo que desapareció la noción de pobreza tal como la conocemos hasta ahora. Al principio todos comían seguido, luego todos los días y después reían y se compraban autos. Todo el mundo se enamoró y se reía, la risa era tan fuerte y los trastornos tan drásticos que las circunstancias atmosféricas cambiaron. El sol se hizo eterno y brilló para siempre. La Tierra se descontaminó y el resto de los planetas se llenaron de plantas, animales y de gente como en la Tierra.
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lunes, 19 de mayo de 2008
MIS VERSOS FAVORITOS
Desautomatizame de todo decoro habitual. Recurrime con tropos escandalosos. Penetrame el lado transracional destruí la unidad arbitraria de mis sentidos con juegos de la lengua hipersemantizame estimulame el signo hasta volverme polisémica encabalgame que mi respiración se convierta en un ritmo caótico arrimá tu boca a la mía hasta tragarte mi última sílaba... después recreame con toda la saliva de tus versos libres.
Concretamente: haceme llegar hasta el fin de ese ciclo de versos y dejame en la mente espacios en blanco...
Sí, en el fondo lo que quiero es ser tratada inobjetablemente, como un objeto textual, no me importa la forma... ya que sos un experto en estas artes, entramame omniscientemente tu argumento con incontables peripecias...Quiero ser el cuerpo analógico montado a tu estilo.
¿El motivo? Acabar contigo literalmente, que sos mi obsesión textual ...
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viernes, 2 de mayo de 2008
IRREVERSIBLE
Cuando me levanté el cuarto estaba desordenado, traté de poner las cosas en su lugar pero me costaba encontrarlo. Me metí sin querer en el baño y aproveché para hacer una meadita, estuve jugando con un bollo de papel que había flotando. Mientras tiraba de la cadena mi memoria se aferraba a nuestras tardes al sol hojeando una agenda de poses eróticas. Fui a la cocina y me preparé un té, cuando el agua hirvió te imaginé dentro de la nube de vapor. El pitido me recordó el momento que susurraste “hijo de puta”, mientras me reía de una exótica posición que nos tenía maniatados. Esa noche volvimos del bar de la mano. Estaba mirando los posillos, pensaba en la cucharita y el humo cuando te acerqué la boca. Vos me hablabas como diciendo “de esta agua he de beber”, mientras un elefante que tenía a mi espalda se movía empujándome hacia adelante. En algún momento la cerveza nos empezó a hacer efecto. Habíamos pedido unos chivitos. Estabas muy linda con esa pollera negra y cinco quilos que francamente no te conocía. Te pedí que entraras. El delineador te perforaba los ojos. Salí a recibirte con un saco azul. Había estado todo el día escribiendo una carta, hasta que me llamaste por teléfono.
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domingo, 27 de abril de 2008
ANTÓN PIRULERO
En teoría nuestros cuerpos son diferentes, aunque en la práctica hubo días en que no quedó tan claro. Como ocurrió cuando Uruguay venció ampliamente a Bolivia en el Centenario. El marcador finalizó con un contundente cinco a cero. Podíamos sentir desde la cama cada anotación. Rugían los espectadores como un león ante la demostración futbolística del equipo. Cuando terminó el partido estábamos exhaustos pero el margen de expectativas sobre el futuro de la selección había aumentado. La oportunidad de clasificar al mundial estaba mucho más cerca. El papel de la selección en las eliminatorias por fin se empezaba a escribir con la letra “V” de victoria. El resto de esa tarde brillante nos pasamos relamiendo. Gozamos de verdad mientras doscientos bolivianos eran testigos de una exuberante sesión de tiqui-tiqui, logrando enmohecer las aspiraciones del elenco del Altiplano de llegar al mundial. Una masa humana de hinchas, equipo y fanáticos explotaba de alegría mientras nosotros, en la medida de lo posible atendíamos nuestro juego.
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lunes, 21 de abril de 2008
LA ÚLTIMA CENA
Estábamos en un hospital buscando algún caminito de Monet en ese Guernica que de nuevo era nuestra relación. Una profunda crisis estaba a punto de caramelo. El módem de mi 486 nos guiaba al mundo original de la época verde de Ava Gardner. Recitábamos “a grito pelado” los versos de Vladimir que estaba exactamente igual que ahora. Tach llegaba a casa de la mano de Ana que todavía no fumaba, y atrás venía Julián casi en pedo. Recuerdo que una noche arrabalera hizo una masa, Ava trajo un vino que por supuesto, tratamos de alejar de las manos de Julián. Semejantes contertulios en la mesa arrojaban una visión como de última cena. Para que no se enoje Vladimir digamos que era Jesús, yo era Leonardo y lo dejo pintado como el primer hombre en la luna. Señalo coincidencias que develarán claves secretas existentes detrás del nombre de las mujeres: tales nombres empiezan y terminan con vocal “a”, siendo los tres artificiales o Nick-names. Usando materiales más flexibles puedo hacer una escultura de la órbita que hacía Ana en el Columbia tomando fotografías de Ava y arrabalera, esa temporada estaban sobre el lado oscuro. Recuerdo que ese año nos dedicamos al consumo de frutas y verduras. Pero si dijera toda la verdad tendría que hacer referencia de alguna manera, a esa noche en que fuimos ganados por el demonio, y con los treinta siclos compramos la sangre de la alianza y comimos pan de carne antes de escuchar el canto del gallo.
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domingo, 6 de abril de 2008
FIESTA SORPRESA
Cuando entraron los uniformados a la casa los sorprendió que la puerta estuviera entornada. Un rato antes estaban tomando un refrigerio y contemplaban el cielo vespertino. Tuvieron algunos problemas para arrancar el vehículo oficial, no hubo otra que tapar la pérdida del motor con el canuto de una lapicera Bic. Iban sin la sirena prendida, sabían que no era una urgencia, ya todo había terminado con dos ciudadanos presos de un profundo estado etílico. Hacía tiempo que estaban en servicio cuando empezaron a trabajar juntos, ahora tenían una vieja relación de camaradas basada por ejemplo, en la adoración de ciertos símbolos como ser una moña escolar colgada en el espejo retrovisor. Se sabía en la seccional que ya era tiempo de jubilarlos, pero como flotaban en densos mares burocráticos se iba postergando la decisión. En la retina de un tercer ojo (cedido por Mel Gibson, más oscuro sin las luces de Hollywood) proyectaban las llamadas estimando la relevancia de las mismas, haciendo la composición de lugar. Tal vez le faltó una buena iluminación para poder discernir claramente lo que se les venía, o seguía empañado ante una lágrima por la última derrota de Liverpool, el equipo de sus amores. Moreira propuso una reunión de amigos con muchos globos, guirnaldas, baile y la mesa llena de bebidas. Medina habló de una despedida de soltero y Moreira espetó: “prostitutas” mientras eran bañados por el quinto color del espectro solar. Creyeron ver dos overall Fama manchados de sangre y comentaron lo impertinente de esas prendas en una despedida. Cuando Moreira paró el auto frente a la casa, Medina había dibujado un revolver que apuntaba a su camarada, hizo un bollito y lo tiró antes de entrar.
Al atravesar el umbral se encendió una luz y vieron los globos, la mesa y a todos sus compañeros de civil junto a sus esposas. Moreira abrazó a Medina o Medina abrazó a Moreira en señal de despedida cortando la circulación del tercer ojo.
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